El legado común

De manera que los anglicanos se inspiran en los credos primitivos de la Iglesia Cristiana (en común con todas las iglesias cristianas, aunque en su forma ‘occidental’) y del legado doctrinal de la Reforma (en común con todas las iglesias protestantes, aunque con su propio sabor anglicano particular).

Los indicadores del credo

Esto es lo que coseché del Credo Niceno. Sería bueno que lo comparara con sus propias observaciones.

  • Los anglicanos creen en el Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Si bien el anglicanismo tiene teólogos que no creen en la Trinidad de Dios, es admirable cuan tolerante se es al respecto. Pero eso no se debe interpretar como si significara que el unitarianismo tiene el mismo valor en el anglicanismo que el trinitarianismo.
  • Los anglicanos creen en la naturaleza divina y en la naturaleza humana histórica de Jesús. Junto con teólogos de muchas tradiciones, los anglicanos han debatido durante siglos sobre las implicaciones filosóficas y teológicas de esto. Pero siempre que se ha puesto en duda o comprometido la divinidad esencial o la verdadera humanidad de Jesús, la Iglesia Anglicana ha sido clara: esto no es como interpretan las Escrituras. Aunque a veces entre sus fieles hay quienes tienen unas perspectivas muy excéntricas, no por ser miembros le conceden a sus escritos o sermones la misma condición.
  • Los anglicanos creen en un Dios que se preocupa por nosotros y por todo el mundo y quien actuó hacia nosotros por nuestra salvación. La mecánica de la salvación siempre ha sido flexible y variadamente interpretada por los anglicanos con la convicción de que la labor de Dios en Cristo no se puede limitar a una interpretación de la expiación. Los mismos Padres de la Iglesia primitiva consideraron la obra de Cristo de cuatro maneras diferenciadas: por medio de su ejemplo, por medio de su victoria, por medio de su sacrificio y por medio de su divina iluminación. El anglicanismo en general no se siente feliz de suscribirse a una teoría de la expiación que excluye a las demás.
  • Los anglicanos creen en la Iglesia visible como el lugar (pero no el único lugar) donde se determina la misión de Dios para el mundo. Es una Iglesia singular, universal, que se remonta a Jesús y sus apóstoles. Y es una Iglesia santa, cuyos ‘santos’ (lo cual significa todos sus miembros) también son llamados a ser santos, en comunión mutua con sus hermanos.

Los indicadores de los artículos

Nuevamente, aquí explico lo que coseché de los 39 Artículos, para que lo compare con sus notas.

  • La relación entre gracia y obra. Como herederos de la Reforma, los anglicanos tradicionales evitan los extremos de la doctrina que subrayan que Dios hace todo por la salvación y que los humanos son pasivos o que tenemos que ganarnos nuestra propia salvación. Primero es la gracia, pero ‘la fe puede ser tan evidentemente conocida como el árbol que la propia fruta distingue’.

Probablemente ha observado los asuntos de predestinación y elección, y del debate sobre la pecaminosidad de los seres humanos. Se ubican dentro de un debate particular en el tiempo, pero nos recuerdan respectivamente de la soberanía y realeza de Dios y de lo pecaminoso que somos. La cuestión de grado es debatible y la mayoría de los anglicanos han superado la discusión.

  • La Iglesia es sagrada y humana. Este fue un recordatorio oportuno a la generación del siglo XVI (y lo es hoy para nosotros) de que la Iglesia es de Dios, que es visible y que es un organismo y una organización incompleta y desordenada.
  • Hay dos Sacramentos instituidos por Cristo. El Credo Niceno menciona el Bautismo, lo cual no es sorprendente ya que los Credos originalmente fueron textos bautismales. Pero ni en el Credo Niceno ni en el Credo de los Apóstoles se menciona la Eucaristía. El Artículo 25 trata sobre ella, y también se ha convertido en uno de los cuatro elementos del cuadrilátero de Lambeth.
  • El orden del ministerio tiene tres aspectos. Como doctrina, es la clave para mucho de lo que nos distingue de muchas otras tradiciones Protestantes. Eso lo trataremos con detalle en la unidad 5. Tiene que ver con el cuarto elemento del Cuadrilátero de Lambeth.
  • Las tradiciones son buenas, pero son subordinadas de las Escrituras. El ‘edificio’ anglicano no vale nada a menos que se encuentre en el suelo particular de las Escrituras. El artículo 34 es una buena ilustración de esto.
  • La política es parte de la tarea cristiana. Esto se insinúa en los Artículos 38 y 39 y puede pasar desapercibido con facilidad. A lo largo de los siglos ha habido muchos intentos por parte de los cristianos de dejar el mundo y encontrar el cielo en algún otro lugar. Pero la doctrina de la encarnación significa que Dios se preocupa por el mundo entero. Gran parte de lo que atañe al anglicano en cualquier época son los problemas sociales, económicos y políticos del día. Los anglicanos consideran que viven su vocación en todas las arenas de la vida del mundo.
DE LOS 39 ARTÍCULOS

XXV De los sacramentos
Los Sacramentos instituidos por Cristo, no solamente son señales o pruebas de la profesión de los cristianos, sino más bien unos testimonios ciertos y signos eficaces de la gracia y buena voluntad de Dios hacia nosotros por los cuales él obra invisiblemente en nosotros y no solo aviva, sino también fortalece y confirma nuestra fe en él.

Dos son los Sacramentos ordenados por nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio, a saber, el Bautismo y la Cena del Señor.

Aquellos cinco, comúnmente llamados sacramentos, es decir, la Confirmación, la Penitencia, las Órdenes, el Matrimonio, y la Extrema Unción, no deben contarse como sacramentos del Evangelio, habiendo emanado, en parte, de una imitación corrompida de los apóstoles, y en parte son estados de la vida permitidos en las Escrituras; pero no tienen igual naturaleza de sacramentos, como la tienen el Bautismo y la Cena del Señor, porque carecen de algún signo visible o ceremonia ordenada de Dios.

Los sacramentos no fueron instituidos por Cristo para ser contemplados o llevados en procesión, sino para que hagamos debido uso de ellos; y sólo en aquéllos que los reciben dignamente producen un efecto u operación saludable, pero los que indignamente los reciben, compran condenación para sí mismos, como dice San Pablo.

XXXIV De las tradiciones de la Iglesia
No es necesario que las tradiciones y ceremonias sean en todo lugar las mismas o totalmente parecidas, porque en todos los tiempos han sido distintas y pueden cambiarse según la diversidad de los países, los tiempos y las costumbres, con tal que en ellas nada se ordene contrario a la Palabra de Dios. Cualquiera que, por su propio juicio, voluntaria e intencionalmente quebrante abiertamente las tradiciones y ceremonias de la Iglesia, cuando éstas no repugnen a la Palabra de Dios y estén ordenadas y aprobadas por la autoridad común, debe ser públicamente reprendido (para que teman otros hacer lo mismo), como quien ofende contra el orden común de la Iglesia, perjudica la autoridad del magistrado, y como quien vulnera la conciencia de los hermanos débiles.

Toda Iglesia particular o nacional tiene la facultad para ordenar, cambiar y abolir las ceremonias o ritos eclesiásticos ordenados por la autoridad del hombre, con tal que todo se haga para su edificación.

XXXVIII Que los bienes de los cristianos no son comunes
Las riquezas y los bienes de los cristianos no son comunes en cuanto al derecho, título y posesión, como falsamente se jactan ciertos Anabaptistas. No obstante, todos deben dar liberalmente de lo que poseen a los pobres, según sus posibilidades.

XXXIX Del juramento del cristiano
Así como confesamos que a los cristianos les está prohibido por nuestro Señor Jesucristo y su apóstol Santiago, el juramento vano y temerario, también juzgamos que la religión cristiana de ningún modo prohíbe que juren cuando lo exige el magistrado en causa de fe y caridad, con tal que se haga según la doctrina del profeta, en justicia, en juicio y en verdad.

 

Decidir la doctrina hoy