En cada era el anglicanismo ha tenido que tratar con ciertos asuntos de doctrina y ética que han sido controversiales. Como resultado, ha ocupado más tiempo en esos asuntos particulares y quizás por ello las generaciones posteriores sientan que ese énfasis está desequilibrado. En el siglo XVI, se redactaron los 39 Artículos en respuesta y contra el catolicismo romano y los recién formados anabaptistas. Posiblemente cuando leyó los 39 Artículos haya sentido que algunos aspectos de la doctrina tenían demasiado énfasis: el pecado, la cuestión de las buenas obras, la doctrina de la Eucaristía. Pero esos eran asuntos que los anglicanos de esa época consideraban necesario tratar. No es forzosamente que dijeran que esas cosas eran lo más importante sobre el cristianismo o sobre el anglicanismo.
Los Credos Católicos, enraizados en el suelo de las Escrituras, forman los cimientos del anglicanismo. La Reforma construyó sobre ese patrimonio común los primeros dos ‘pisos’ del anglicanismo (consulte el diagrama de la página 52). Ya no hay mucha gente viviendo en esos pisos bajos —sólo los anglicanos que consideran a la Iglesia como un ‘museo activo’ que desean conservar para la posteridad. El futuro del anglicanismo está adquiriendo forma en el piso de arriba Las primeras partes de este ‘piso’ se remontan bastante en la antigüedad. Entre las obras anglicanas que han aportado al anglicanismo que conocemos hoy, se cuentan Apology de Jewel, Book of Martyrs de Foxe, Ecclesiastical Polity de Hooker y algunos himnos inmortales. Pero hay dos fuentes, una antigua y la otra moderna, que se merecen un estudio más detallado. Y el proceso sinódico es la tercera influencia en el debate sobre doctrina.
1. Las HomilíasLas Homilías se redactaron en el siglo XVI como un intento de que la Iglesia de Inglaterra mejorara su enseñanza. La calidad de la educación de los predicadores del día, en su mayoría clérigos, dejaba mucho que desear. Y a veces a los predicadores les interesaba más usar el púlpito para el debate público que para presentar el Evangelio. Esto era un problema tan grande al comienzo del reinado de Elizabeth I que por un tiempo prohibió toda forma de predicar, exigiendo que todos utilizaran las Homilías ya publicadas.
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2. Conferencias de LambethCada Conferencia de Lambeth le ha facilitado a la Comunión Anglicana una serie de textos —informes y resoluciones— que tratan los asuntos de doctrina, ética, liturgia y misión de interés actual. Esos pronunciamientos son de naturaleza informativa, ya que no pueden tener carácter obligatorio en ninguna provincia. Pero los anglicanos aceptan que esos pronunciamientos son de gran autoridad moral para ellos. Eso se debe en parte a que (tienden a) tomar en serio a sus obispos. También se debe a que en el contexto de la política democrática moderna, los anglicanos aceptan que las decisiones importantes sobre la fe y vida de la iglesia las debe tomar un organismo representativo. La Década del Evangelismo ha tenido un impacto, si bien importante pero desigual, sobre las iglesias anglicanas. Una resolución de la Conferencia de Lambeth de 1988 lanzó la década y demuestra de qué manera un texto anglicano semiformal ha alterado el carácter de la Comunión Anglicana. Lo reformó, encauzándola nuevamente hacia la Gran Comisión de Cristo.
Los textos modernos como éste pueden aportar al fortalecimiento de la definición doctrinal anglicana, en este caso remontándola a una creencia primaria en el evangelismo. Sin esta ‘doctrina en práctica’, ninguna Iglesia puede realmente llamarse una ‘Iglesia’. De manera similar, la Homilía sobre la Salvación unificó a toda una generación de cristianos ingleses del siglo XVI en torno a la creencia en la labor salvadora de Cristo, sin la cual, similarmente, sería difícil considerar que la Iglesia es realmente una ‘Iglesia’. 3. SínodosAlgunas discusiones de doctrina se limitarán a una diócesis o provincia particular. En algunas provincias africanas durante muchos años han habido discusiones sinódicas sobre el estado de la poligamia entre los recién convertidos, un asunto que por razones obvias no ha surgido en, por decir algo, la Provincia de Brasil ni en la Iglesia Anglicana de Japón. Pero tanto en Japón como en partes de África, se han tratado los asuntos del culto de los antepasados y las oraciones por los muertos, pues esos son temas específicos de esas regiones. Aquí existe algo de tensión entre la Iglesia Anglicana local y la universal. El desafío es que por extensión el problema de una Provincia pase a ser problema de otra Provincia y que se respeten las diferencias de énfasis. Donde esto ocurre, las provincias aprenden mutuamente. De manera que aquellas provincias con problemas de justicia para la población aborigen (Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Brasil) tienen mucho que enseñarles a las demás acerca de la inquietud por los desfavorecidos. Algunos asuntos pasarán a las agendas provinciales debido al interés de los medios de comunicación o por sus repercusiones internacionales o ecuménicas, como la ordenación de la mujer al presbiterio. Algunas diócesis o provincias no piensan que su situación cultural particular requiere la discusión ni permite el cambio, independientemente de que existan o no obstáculos teológicos. Cabe citar los casos de las Diócesis de Guyana y Belice en la Provincia de Las Antillas. No obstante, debido a que se trata de una discusión de importancia mundial y el Sínodo Provincial ha debatido el asunto y aprobado la ordenación de la mujer (1995), Belice y Guyana han tenido que tratar el asunto.
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