| Los sociólogos nos dicen que cuando el cambio se produce con mucha velocidad, cuando las certezas del pasado se ponen a prueba y cuando el futuro es incierto, la reacción humana normal es volverse hacia la religión. En nuestro mundo moderno de tantos cambios, hay una sed espiritual muy grande, tanto en el Oriente como en el Occidente. Pero dentro de todas las religiones del mundo, la respuesta impaciente al cambio está teniendo un impacto considerable sobre el carácter de la religión. Podemos ver esto en toda la Iglesia Cristiana y, sin dudas, dentro del anglicanismo. La demanda por la certidumbre En un mundo lleno de cambio, la fe tiene que ser clara, simple y llena de respuestas. La demanda por la certidumbre es un factor decisivo en el aumento de los nuevos fundamentalismos: en el cristianismo, Islam, hinduismo, budismo y judaísmo.
Nuevas palabras para viejas verdadesHay una búsqueda constante por encontrar nuevas maneras de expresar antiguas verdades, maneras que se ajusten a este mundo nuevo. Las antiguas maneras de expresar la verdad cristiana parecen como recuerdos nostálgicos de un mundo que todos saben ya no existe. En muchos lugares de la Tierra, el ‘viejo mundo’ es el mundo del cristianismo colonial. Y por ello un resultado de la búsqueda de nuevas expresiones de la fe cristiana se vislumbra en el proceso de la enculturación. En partes de África, algunos teólogos están explorando si habría nuevos nombres apropiados para Jesús, como ‘Jefe de los Antepasados’. En otro nivel, resulta en una reevaluación de las posiciones éticas recibidas, como en el caso de la poligamia. El objetivo no es diluir el cristianismo, sino incorporarlo en la cultura de hoy y aquí. Un conjunto similar de problemas suele yacer bajo los movimientos de renacimiento, en el anglicanismo y en otros lugares. Los evangelistas quieren recapturar el ‘corazón’ espiritual de la fe, en una iglesia que ha perdido el contacto con el mundo que la rodea. El avivamiento en África Oriental es un buen ejemplo anglicano del fenómeno, que durante el curso de los últimos 50 años ha tenido un impacto tremendo sobre la gente de esa región. Indiferencia por la historiaCuando el mundo actual parece tan diferente del pasado, incluso del pasado bastante reciente, puede parecer que la historia no tiene mucho que enseñarnos. En el cristianismo actual, existe una difundida falta de respeto por la historia y la tradición y una consiguiente atracción por lo novedoso. A veces se escucha a los anglicanos hablar desdeñosamente sobre su pasado. El ‘ahora’ parece ser lo único que importa. Las iglesias se pueden estancar en una estructura de mantenimiento en lugar de misión. El cambio requiere movimiento corporal y una inversión de entendimiento y trabajo arduo en las instituciones históricas que deben cambiar. |
InquietudLa facilidad de cambio y la inquietud se encuentran quizás con más frecuencia en las iglesias anglicanas de las sociedades consumidoras occidentales, donde la gente tira las cosas habitualmente antes de que hayan terminado de servir. De manera similar, las expresiones de fe cristiana se tratan como productos para el consumidor, con modas que hay que probar, adquirir y luego descartar. Ese enfoque de la fe cristiana es muy, muy individualista. Es como si sólo disfrutara la compañía de sus amigos si siempre se presentan con ropa nueva. Uno de los puntos fuertes del anglicanismo es su énfasis en la comunidad del pueblo de Dios. El anglicanismo está comprometido al culto corporativo habitual, bien sea que nos den ganas o no de hacerlo e independientemente del estilo de culto u oración. La búsqueda de la comodidadEn el mundo en vías de desarrollo se busca alivio y en el mundo desarrollado comodidad. Muchos movimientos cristianos nuevos prometen salud, dinero y felicidad. Es irónico que en zonas donde hay mucho sufrimiento, los cristianos se dejan seducir por la promesa de alivio total de las preocupaciones y acuden a las iglesias nuevas aunque el alivio nunca llegue. El entendimiento anglicano es que esas cosas son regalos de Dios, una señal del Reino de Dios, una promesa para el futuro, pero que tienen que colocarse al lado de los numerosos tipos diferentes de sufrir que cada día soportan los cristianos y las demás personas. El Evangelio no promete liberar del dolor, la enfermedad ni la lucha en esta vida. La creencia anglicana está fundamentada en una alta estima de la soberanía de Dios. Dios no tiene que hacer nada. Si bien los anglicanos pueden estar convencidos de que Dios responde a los ruegos, no aceptan que Dios desea que ciertas personas sean ricas o felices a costas de los demás. Pero en algunas partes del mundo donde hay presión por predicar la prosperidad, se les está dificultando a los anglicanos asirse a un Evangelio de justicia. ReconciliaciónUn relato de la espiritualidad anglicana mundial estaría incompleto sin hacer referencia a uno de los grandes anglicanos del siglo XX, Desmond Tutu. Es ampliamente conocido su incansable liderazgo de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación en el Sur de África. Es notable que todo el país acepte su liderazgo espiritual en una zona tan políticamente sensible, porque él es:
El gobierno interino de 1994 reconoció que la libertad sólo puede llegar al opresor y oprimido cuando la verdad se saca a la luz. Eso es casi imposible, a menos que el proceso esté arraigado en una espiritualidad profunda. De manera que la Comisión comenzó con un acto de adoración y continuó trabajando con el principio cristiano de que el perdón requiere la verdad y el arrepentimiento. La Comisión ha demostrado que hay una manera mejor de resolver la amargura, la manera como la describe San Pablo, la manera del amor. Otros anglicanos están intentando ponerla en práctica en Rwanda (entre Hutu y Tutsi), en Irlanda del Norte (entre protestantes y católicos), en Australia y Canadá (entre aborígenes e inmigrantes). Quizás entre los cambios en espiritualidad, este es el más prometedor. Si los anglicanos se encuentran a la vanguardia de mostrarle al mundo cómo se practican el arrepentimiento, el perdón y la reconciliación, esto es testimonio de su salud, de su vitalidad y de su esperanza futura. |