| El proceso de entrada a la fe cristiana a veces se llama ‘iniciación’ y los ritos que giran en torno a la entrada de una persona a la Iglesia se denominan ‘ritos de iniciación’. A veces parecen desproporcionados los debates sobre estos ritos, pero detrás de la discusión sobre rituales yace la definición de lo que constituye una persona cristiana y más específicamente una persona anglicana. En la actualidad hay un amplio debate dentro de la comunión anglicana sobre el rito del bautismo (de adultos y niños), la función de la confirmación, la admisión a la Comunión y los vínculos con los ritos de la pubertad de la cultura local.. Confirmación y bautismoLos anglicanos ahora reconocen el bautismo como completo en sí mismo. La historia de cómo sucedió que el bautismo y la imposición de manos llegaron a separarse en la iglesia primitiva es complicada, pero ahora se entiende ampliamente que hay un solo acto de iniciación. Tradicionalmente la mayoría de los anglicanos han considerado la confirmación como el punto de admisión a la comunión, lo cual le quita importancia a la integridad del bautismo. Un cambio hacia la integridad del bautismo coincide con el pensamiento católico romano contemporáneo y los acerca más a la práctica ortodoxa oriental y a la mayoría de las iglesias protestantes en las que la confirmación no forma parte su tradición. Pero, como incluso la IALC admite, ‘representa un cambio radical en la práctica y teología anglicana’. Uno de los problemas de que los niños reciban la comunión es la pérdida de significado de la confirmación. Pero la confirmación puede seguir siendo un rito pastoral para la renovación de la fe entre los bautizados, asociada con un proceso continuo de educación cristiana, comisionar para el ministerio y servicio o maduración en la fe. Se tiene que resaltar que según enseñanzas anglicanas muy claras, la confirmación no es un sacramento y no es el momento (ni siquiera el momento principal) en que se da el Espíritu Santo. Este es un campo de batalla contemporáneo. Los obispos ingleses recientemente se rehusaron a seguir ese camino y se han suspendido las discusiones formales sobre la admisión de los niños a la comunión después del bautismo, aunque un cambio de parecer no tardará en llegar.
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La confirmación y la pubertadUna de las razones que exigen precaución desde la perspectiva africana y asiática es que la sociedad sigue requiriendo ritos formales de transición a la adultez. En Inglaterra y en el resto del occidente cristiano, lo que una vez fue uso común de ritos de iniciación a la adultez (como la confirmación) están desapareciendo rápidamente. Pero para los cristianos de culturas donde sigue habiendo ritos de iniciación, el rito de la confirmación a veces se considera como una oportunidad para cristianizar la práctica social y como una manera de permitir que los cristianos participen más plenamente en su cultura sin comprometer su fe. Hay dificultades. Si la confirmación se vincula muy estrechamente con la transición a la pubertad, los que se confirman como adultos tienen la desventaja de que en cierta forma no son normales. Pero la principal dificultad para asignarle a la confirmación una doble función (la función cristiana y la función sociocultural) es que una de ellas tiende a acaparar a la otra. Eso ocurre con el bautismo en partes de la Comunión Anglicana donde es común el bautismo indiscriminado de los bebés; la gente que se encuentra al margen de la Iglesia llega a considerar el bautismo meramente como un rito para ‘nombrar’ al niño y presentarlo ante la comunidad –independientemente de lo que la Iglesia enseñe sobre su doble función. El catecumenadoEn las épocas de la evangelización primaria, la norma ha sido que los adultos convertidos sean bautizados junto con los miembros de su casa. En tiempos más colonizados, el énfasis solía inclinarse hacia el bautismo de infantes y a veces al bautismo automático de todos bajo el supuesto de que la sociedad ahora era una sociedad cristiana. Eso era la situación cuando la Reforma produjo los primeros Libros Comunes de Oración ingleses. ` En casi todos los lugares del mundo, los anglicanos ahora viven en un mercado de confesiones e ideologías en competencia. Hay una pregunta de misión sobre la manera de ser anglicano en este nuevo mundo ‘postmoderno’. Las sociedades postmodernas son aquellas en las que el cambio es rápido, los valores son relativos, ningún punto de vista mundial tiene influencia absoluta y la fragmentación de las estructuras de la sociedad y las normas culturales está muy avanzada. Una solución anglicana es la práctica cristiana primitiva del catecumenado: el proceso de preparación para la iniciación. Esta preparación se aplica tanto a los adultos que desean bautizarse como a los padres y padrinos que desean el bautismo para sus hijos. La Oficina de Evangelización de ECUSA, ahora considera el catecumenado como la piedra angular de la Década de la Evangelización. El documento de Kanamai (consulte la página 93) elogia esa actividad, indicando que dichas prácticas pueden ser ‘fácilmente incorporadas dentro del contexto cristiano. No crean ningún problema de herejía ni sincretismo.’
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